Puede resultarles bastante difícil de creer, pero a mis 24 años jamás me había subido a un avión. No porque nunca haya tenido la necesidad, sino por un miedo irracional que le tenía a despegarme del piso en una de esas naves; fueron muchas las horas de viaje que me pude haber ahorrado de haber superado éste problema antes.
El hecho surgió cuando hablabamos con mis amigos acerca de éste tema, y no se les ocurrió una idea mejor que ir a dar un paseo en avioneta. Yo pensé que lo decían en broma, pero estoy seguro que mi rostro cambió de color cuando me di cuenta que hablaban muy en serio.
Con la ayuda de dos amigos y muchísima fuerza de voluntad me animé a dar un paseo en avioneta. Al comienzo sentíocomo que me moría, pero pronto entendí que no había por qué estar asustado. De pronto veía maravillado la ciudad de La Coruña por el aire, y luego Santiago y su catedral, Ferrol… La verdad éste vuelo sobre Galicia es de las cosas más lindas que hice en mucho tiempo.

